Pisando los talones (Kurt Wallander)

Kurt Wallander es creación del escritor sueco Henning Mankell. Es un inspector de policía solitario, recién abandonado por su mujer en la primera novela de la serie, con pocos amigos y difíciles relaciones con su familia. Ha pasado una depresión por haber matado a un hombre. Come mal y duerme peor. En el libro que comento, séptimo de la serie, es diagnosticado de diabetes y tratado con dieta, ejercicio y glimepirida. En las historias de Wallander tienden a repetirse de forma demasiado evidente algunas líneas. En Pisando los talones, séptimo libro de la serie, uno de los argumentos repetidos es las muchas veces que Wallander orina y la sed que padece, típicos síntomas de diabetes. Por cómo se plantea estas primeras semanas de tratamiento, mi pronóstico no es bueno.

Otro de los argumentos repetidos son los muchos momentos en que Wallander detecta que algo de lo que ha visto no cuadra con los demás. Aunque luego dice que no se fía de su intuición, la verdad es que la escucha mucho. En sólo dos capítulos encuentro:

"Allí mismo empezaba a experimentar la sensación de que algo no cuadraba"

"aquella sensación de que había algo tremendamente ilógico"

"Barruntaba que había algo más, una circunstancia que se les ocultaba"

"Había algo que no encajaba en absoluto"

"tuvo el convencimiento de que había algo en todo aquello que no encajaba"

Juro que leyendo El hombre sonriente la insistencia con que Wallander repetía que aquel caso no avanzaba hizo que yo mismo abandonara la novela. Pero el mantra de los mantras para Wallander es la decadencia de la policía sueca y de Suecia en general. El estado del bienestar, la violencia organizada, la inmigración mal integrada por un lado y la falta de recursos policiales, desprestigio social, politiqueo de los altos mandos por otro.

"Más bien deberíamos preguntarnos si lo que tememos que suceda no habrá sucedido ya, si no nos hallamos ya un paso más allá del hundimiento definitivo de la sociedad de derechos. Una sociedad en la que cada vez más personas se sienten inútiles o, peor aún, no deseadas. En ese contexto, la violencia irracional se convierte en algo cotidiano. Nos quejamos de lo mal que están las cosas, pero yo a veces me pregunto si no están ya mucho peor de lo que nos imaginamos."

En esta novela, en la que se investiga la muerte de Svedberg, uno de los compañeros de Wallander, todavía más.

Música

A Kurt Wallander le encanta la ópera. A pesar de ello, en algunas ocasiones

"Mientras conducía a través de la ciudad dormida, introdujo un casete de ópera en el reproductor del coche, pero lo paró casi de inmediato. Reinaba en las calles una calma absoluta, y eso era precisamente lo que necesitaba."

Uno de sus escasos amigos es Sten Widen. Cuando eran jóvenes soñaron con vivir de la música, Sten como cantante y Kurt como su agente. Pero el futuro les deparaba la comisaría de Ystad y un criadero de caballos.

"Nuestros sueños de juventud se desvanecieron, pero la música permanece para siempre"

Cenan y beben juntos. Recuerdan tiempos pasados,

"¿Recuerdas aquel viaje que hicimos a Alemania para asistir a un concierto de Wagner?"

Al final de la noche

"Sten Widén, con los ojos cerrados, dirigía el final de  Don   Giovanni  con una sola mano"

Cuando, por la investigación en curso, Wallander debe viajar a Copenhage, recuerda que

"asistió a una representación de Tosca  en Det Kongelige Teater"

Más música en el libro. El aspecto de los asesinados recuerda las escenas que glosaba el poeta y músico sueco del siglo XVIII Carl Michael Bellman. En un momento dado suenan interpretadas por Fred Åkerstöm

Sabemos que al finado Svedberg le gustaba Buddy Holly, pero piensan que no sería bien visto poner Peggy Sue en el funeral

 

En su lugar suponen que el párroco elegirá a Bach y a Buxtehude. Yo apuesto por el aria de las Variaciones Goldberg (dicen que influenciadas por Buxtehude)

En resumen, buena historia con los defectos habituales de Mankell. Tras un buen principio le cuesta terminar la trama, desperdiciando ideas interesantes que pierden la fuerza al repetirlas demasiado. Me sigo quedando con Asesinos sin rostro, el primer libro de la saga Wallander.